Tu vida entera se basa en fingir que no te duele. En inventarte emociones y sentimientos para tratar de encajar en un lugar del cual nunca fuiste parte. No te quieres y no te dejas querer. Sólo vas por él mundo culpándote por cosas de las cuales no eres culpable y llorando penas antiguas. Todavía tienes esperanzas, no has perdido todo, esperas que haya una luz en tu interior que no se haya apagado. Una luz que te guie a donde puedas encontrar, de una vez, lo que perdiste.

viernes, 14 de enero de 2011

Introducción.
Athea jamás supo que quería en la vida. Siempre se sintió vacía, sin nada que le llamara suficiente la atención. No había causas que le demandaran la vida, ni emociones que la obligaran a entregarse. Pasaba los días y las semanas buscando siempre aquel “algo” que la sacará de ese pasotismo que odiaba, pero no lograba encontrarlo.
No recordaba ya, cuando había podido largar una carcajada y no sentirla jodidamente falsa. Se había olvidado de lo que se sentía ver un amanecer, o andar toda la noche por la ciudad sin zapatos. Apenas tenía algunos recuerdos de los tiempos felices que había vivido en su infancia.
Cuando todavía podía encontrarle un gusto a la vida y no verla siempre tan gris y desolada. Cuando podía escuchar las risas desaforadas de verdad, sin ningún dejo de falsedad o una mirada que calara hondo en su ser.
Ahora para ella no había nada emocionante, ninguna cosa que le produjera ese cosquilleo en el estómago. Estaba rodeada de un mundo banal y carente de sentido, en el cual ella se sentía ajena a todo.
Estaba tan cansada de tener que pintarse su apariencia, de simular algo que no era cierto. Aparentar ser perfecta, feliz, alegre, cuando en realidad lo único que quería era no tener que ser nada. No tener esos recuerdos tan masoquistas de su pasado, ni llorar por la gente que perdió en el camino de su vida. De verdad quería, dejar de culparse, de sentirse ella siempre la causa de todo el malestar de la gente que la rodeaba.
Ya había tenido demasiadas pelas con su tío, demasiadas relaciones que la dañaban. Deseaba de una vez por todas, poder dejar de lastimarse y lastimar sin darse cuenta. De no ser siempre la misma idiota que deseando ser tan dura como el acero, se había empezado a corroer por dentro.
¿Cuándo había empezado a ser así? ¿Cuando sus palabras se habían tornado tan frías y sus emociones se habían evaporado? No lo sabía, según ella siempre había sido así. Horas y horas con el psiquiatra solo habían arrojado la misma conclusión
“Es incapaz de abrirse en un diálogo sincero y productivo”
Una y otra vez había escuchado esas palabras, susurradas a su tío  en la puerta del consultorio. Su tío frunciendo el ceño y maldiciendo a la estúpida niñata que lo hacía tratar con un montón de deficientes mentales amantes de una ciencia abstracta.
Como si fuera una película, se veía a ella saliendo del consultorio, saludando tácitamente al hombre de bata blanca con la cabeza para luego irse tras los pasos coléricos de su tío. Siempre la misma escena, en diversos lugares, pero siempre igual.
Un día, se dio cuenta de que podía mentir. Que era capaz de sonreír aunque no lo quisiera y engañar a los demás para que pensaran que ya todo había pasado. Contestar con un tono jocoso, hacer alguna broma sin sentido y elogiar corbatas absurdas. Una rutina de actuación de vida que de a poco, le fue dando sus frutos.
La gente comenzó a mirarla distinto, ya no sentía pena ni la evitaba. Ahora todo simulaba ser normal, aunque Thea por dentro estaba peor.  Mentía acerca de lo que sentía, de sus gustos, de sus actos. Y empezó a encaminar su vida, aparentemente normal.
Todo va bien, se decía a si misma. Tal vez, un día su mentira se convertiría en realidad y estaría realmente curada.
─Tiempo al tiempo, tiempo al tiempo…─se decía cada noche antes de dormir.
Realmente esperaba que un día todo mejorara. 

2 comentarios:

Maar Renton dijo...

Curioso a lo que se ve expuesta Thea, al camino que decide tomar tras ver la reacción que tiene la gente cuando ella no se comporta con falsedad. Obligada a sonreír cuando no tiene ganas y a reír cuando no quiere solo para no dejarse ver como realmente es. Sin duda, una introspección en la vida de una persona dañada. ¿Sabes? creo que mucha gente podría identificarse con pequeñas cosas de su personalidad, y eso que solo es la introducción a una historia que, sin duda, promete muchísimo.

Me ha encantado, y me ha dejado con las ganas de saber como es la vida diaria de Thea. Saber si, después de todo, pueda avanzar de alguna forma y tener alguna salida en la situación.

Genial, un cambio evidente y muy positivo, me ha encantado (:

Nina Stradivarius dijo...

Aww, me da demasiada pena, en serio. Primero, porque leí esa frase que sale bajo la fotografía de los cigarrillos y me caló hondo. No gastaré líneas contándote por qué, pero ciertamente duele.

Segundo, por la introducción: wow. O sea, es sólo el gancho y ya me has agarrado xD Thea (¿o es Athea, como sale al principio?) ha sufrido mucho y se sufre más todavía cuando se finge ser lo que no se es. Ella lleva puesta una máscara para protegerse del rechazo, y sin embargo, sigue siendo dañada. Porque, ¿las cosas algún día realmente mejorarán si ella no se reconoce cómo es, si no se ama por completo?

Me siento tanto como ella cuando dices que no sabe qué espera de la vida, qué quiere de ella. Porque la vida nos exige y le damos lo que quiere, pero si no somos capaces de averiguar qué queremos nosotros de ella, es verdaderamente difícil obtenerlo.
Como dice Neruda: ¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?

Excelente, maduro, crítico y emotivo :)

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